Centro Cultural e Histórico José Figueres Ferrer

Una noche con sabor a melcochas

Hace ya un siglo nació en San Ramón una dulce tradición, que hasta hoy se mantiene viva.

El viento navideño ya está presente, la noches frescas y secas, invitan a la gente a salir a la calle. Es 7 de diciembre y en San Ramón, los chiquillos se ponen tennis para correr mejor, los adultos se abrigan y las Marías se preparan para atender a los vecinos que llegarán a la puerta de sus casas.

Todo inicia alrededor de las seis de la tarde.  En el parque una voz grita:

¿Qué causa tanta alegría?

Y la gente responde:

¡Las melcochas de María!!

Personas de todas las edades corren por las calles para visitar a las Marías, que desde las puertas, corredores y balcones de las casas, tiran melcochas a las turbas visitantes.

Se cree que esta práctica tuvo su origen alrededor de 1914, en La Paz, distrito ramonense reconocido por su tradición en la producción de dulce y productos relacionados. Allí  por iniciativa de Paula Mesén, se realizó la primera vez, en casa de María Vargas, quien lanzara las primeras melcochas a los niños vecinos. Doña María debía preguntar:

¿Qué causa tanta alegría?

Y los niños responder:

¡Las melcochas de María!!

En los años siguientes la práctica se extendió hacia otras casas de la comunidad, y para 1918, un hijo de doña Paula se trasladó hacia San Ramón,  fue así como las melcochas de María llegaron al distrito central.

MELCOCHAS DE MARÍA.

Receta presentada por Mayela Caballero

Festival Gastronómico “La Cocina Ramonense” 2003.

Ingredientes:

1 tapa de dulce

1 taza de agua

Vainilla, ajonjolí, queso, linaza o maní según se desee.

Preparación:

Deshacer el dulce en el agua cocinando  hasta que se forme un caramelo espeso.

Para que las melcochas  queden buenas se debe dar el  punto al dulce, metiendo una cuchara con la mezcla, dentro de un vaso con agua fría. Si la miel ya no chorrea, sino que se hace hilo espeso, se vacía sobre una superficie untada con mantequilla para que no se pegue y se enfríe un poco.

Luego se recoge y se amasa con las manos  hasta quedar blanca o con un color ámbar.

Se corta del tamaño deseado y se envuelve en hojas de limón, o papel encerado.

Se le puede agregar vainilla, maní, ajonjolí,  queso, linaza, etc.

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